
"Te has convertido en brújula que me enseña el camino, decime que voy bien así se alivia el destino"
Esta es la frase más linda de la publicidad de Crufi que repiten mil veces al día!
Simplemente, me encanta!



Las callecitas angostas







“Lo cierto es que el zoológico deprime”, dice el cantautor argentino Juan Carlos Baglietto en la canción Carta de un león a otro. Con tristeza y la voz un poco en agonía (común en el cantante rosarino) recuerda que el mundo sigue siendo un poco más que animales enjaulados. Terminó la canción y recordé las tesis que tratan de enseñar en las clases de ética, filosofía, antropología, y todo lo que se le parezca a pirar en colores para llegar a una conclusión no siempre lógica. En especial recordé la vieja y querida premisa que sostiene que el hombre es un ser que, a diferencia de los animales, posee libertad. Esto lleva a no tener respuestas determinadas y fijas a cada estímulo, por lo tanto, su conducta se basa en la decisión personal que le implicará responsabilidad. Para que suene más lindo, podríamos decir que el hombre se constituye con el libre albedrío. Hasta aquí, de acuerdo. Pero el cuento sigue. Y de la siguiente forma. El hombre, entonces, gracias al libre albedrío se supone que es un ser con inteligencia, y que hace uso de ella para hacer y hacer-se a sí mismo.
Con esa supuesta inteligencia, el hombre está convencido de que es superior a un animal. Los animales son brutos, salvajes, mecánicos, irresponsables y sin corazón. Los humanos somos educados, civilizados, razonables, responsables y con corazón. Raro resulta entonces que en el dial suenen canciones con temas de lo más alejados a la idea de Baglietto, cansado de un mundo animal. Es común identificar la emoción por convertirse en cocodrilo al son de Bicho-Bicho, nadar como un pez en una pecera de colores, y estirarse y enrollarse con el Baile del gusano. No sólo el estilo tropical manifiesta su sentir animal, basta con recordar Ojos de perro de Ataque 77, o la banda Buitres para darse cuenta de que el rock también reivindica la animalada.
Dicen que si uno desea algo con mucha fuerza se hace realidad. Para este caso, afirmo con temor que se cumple. Las ganas de parecerse a un animal quedan claras en la música, que como todos deberíamos saber, es una expresión cultural. Deducción lógica: buscamos una cultura animal. Después tratan de diferenciarse porque los cerebritos humanos permiten la complejidad de la razón, y descubren soluciones mágicas a pruebas que parecían insalvables. Incoherente. Como el hombre mismo. Por un lado, la necesidad de ser mejor. Por otro, el claro (y patente) deseo de ser animal. El segundo gana. De otra forma no hay explicación para que un hombre viole a una hijastra de 11 años o que ya no sea alarmante que en Beirut mueran 43 personas en un día.
Qué deseo triste el musical. Y qué razón tiene Baglietto.